martes, 10 de agosto de 2010

Encuentro con palabras


Otra vez juntando los escombros para reencontrarse. Luego de tantas noches desveladas, palabra tras palabra frente a la computadora. Luego de los fugaces encuentros entre un chapita o loco como vos, con su interlocutora solitaria.
Otra vez en aquella esquina, al anochecer. Las luces saltan sobre tu abrigo, ese tan serio y formal que marca la incoherencia con tu ser escondido. Comienza tu discurso, las palabras se entrelazan cuan hamaca de melodías frustradas. Es dulce y estimulante sentirlas, pero se hacen adictivas para mi alma solitaria.
Comenzamos a caminar, como siempre. Busco tu mano en el bolsillo del abrigo, encuentro la piel suave pero seca de un eterno creador de sueños y comienzo a acariciarla. Te acercas, siento tu almíbar de cereza en mis labios, una vez más.
Pero necesito tus palabras, aquellas que una a una salen de tu boca, en esa perfecta voz que las hace mágicas. Aquellas palabras escritas que provocaron mis más exuberantes trasnoches frente a la computadora. Las necesito ahora, dámelas para volver a nacer en ellas.
Una vez más nos olvidamos del mundo, caminando por la calle. La mugre entre los dedos del pié de un viejo callejero con el que nos encontramos nos trae a la realidad. ¿Qué hora es? Hay que volver… En tu casa te esperan…
Te aviso que me cortaron el internet. Me mirás triste y preocupado, la dulce adicción a tus palabras tendrá que esperar hasta el momento de otro furtivo encuentro en el medio de una vida demasiado
ocupada.

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