domingo, 17 de abril de 2011

Nos encontramos el 23

Era el 23 de marzo del año 2000. Día lluvioso, cálido, pesado, como casi siempre en un atardecer porteño de otoño. La gente caminaba apurada para llegar a casa, peleando con los paraguas y el viento,
los charcos y los autos desordenados desparramando agua al pasar.
Débora miraba las hojas mojadas en el piso, lamentando no poder jugar con el ruido crujiente bajo sus pies. Llevaba el paraguas cerrado en la mano, ajena a todo, sin percibir la lluvia que se colaba hasta su ropa interior.Una voz firme, una presencia cálida la sacó de sus pensamientos.
- Eres el dos que iba a encontrar este día veintitrés. ¿Me podés decir tu fecha de nacimiento?
Débora miró a ese hombre alto, desgarbado que la estaba interrogando. No entendía bien lo que quería.
- Disculpame, siento conocerte de algún lado, ¿me podés decir tu fecha de nacimiento?
Resultaba un hombre muy agradable, en el cual se podía confiar.
- Nací el 22 de enero de 1977.
- Eres el dos, lo sabía.
Débora lo miró extrañada. Se quedó observándolo, perdida en el repentino pensamiento de verse unida a ese extraño. Muchos decían que tenía el don de manejar las artes adivinatorias, por su capacidad de anticiparse a los hechos con su pensamiento.
- Mi nombre es Demian. No conozco demasiada gente en la ciudad, ¿puedo caminar contigo mientras hablamos?
Demián comenzó el relato de su vida con la numerología, mientras caminaban lentamente.
- No es superstición de lo que voy a hablarte, es ciencia. Ciencia simbólica. Ciencia filosófica. La que comenzara con Pitágoras, el famoso matemático y filósofo que descubrió…
- El cuadrado de la hipotenusa es igual a la suma del cuadrado de sus catetos. Uf, ¡si lo habré repetido!
- No es ese su mayor descubrimiento, sólo es el más conocido. Es su geometría, ese instrumento visual que permite conocernos a nosotros mismos. El triángulo divino que contiene las tres triadas en sus vértices con los tres componentes básicos del ser humano: instinto, sentimiento y pensamiento. Nosotros estamos en la tríada del sentimiento, somos los números primos de la misma: el 2 y el 3. Sólo podemos ser divididos por nosotros mismos, y juntos formamos el veintitrés, el número de cromosomas que unidos darán un ser humano, el número total de los símbolos, con los doce signos, los siete planetas y los cuatro elementos, y veintitrés es el día de hoy. Eres el dos, porque la suma de tu fecha de nacimiento da dos. Tienes la energía del amor y la sabiduría.
Una energía cálida los envolvía y repelía la humedad causada por la lluvia sin protección. Iban ahora caminando de la mano en un mundo que parecía haber detenido su tiempo para poder disfrutar el infinito en un segundo.
El carruaje se detuvo en la calle empedrada. Demian le tendió la mano a Debora para ayudarla a subir, mientras ella levantaba su vestido con el ruedo mojado por la calle en el día lluvioso. Se acomodó como pudo, con el agua que había llegado hasta su apretado corset . Demian siguió su relato, mientras el cochero animaba a los caballos a seguir el camino con paso cuidadoso.
- Nuestra relación tiene la proporción divina del número áureo, infinito e irracional, con una periodicidad que nunca termina, como esta conversación que comenzó un día 23, tan proporcionada como las nervaduras de esas hojas que no pudiste hacer crujir, doradas por el otoño, divinamente proporcionadas. Hoy es el día señalado para nuestra eternidad, el 23 de julio de 1732, con el 7 en la tríada del pensamiento. He pensado en ti por siempre.
Cuando bajaron del carruaje, una fuerte sudestada se desató, anunciando el aguacero que cayó como una cortina sobre sus cuerpos semidesnudos y bronceados por el sol. Corrieron a protegerse en su toldo, era el 23 de marzo del año 200 d.C. Las caricias y los besos les devolvieron el calor que se llevara el agua. Era el día del número 1, en el vértice del instinto.
Cesó la tormenta y todo volvió a la calma. Débora seguía mirando a ese hombre alto y desgarbado que le hablaba de un año especial, ese año, el 2000, con tres ceros, tres símbolos que expresan a Dios, al Todo o Nada, al que no se puede dividir, porque dividido cero es una indeterminación, y también una indefinición.
Tan indeterminado como el tiempo de amor y comunión de una pareja. Tan poco definido como la realidad comprendida por la mente humana.
Se despidieron sabiendo que iban a encontrarse otro día 23 de un mes y año indeterminado por el presente, pero escrito en el pasado y en el futuro.

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