domingo, 15 de agosto de 2010

Diario de un hombre feliz


Viernes 7
Acompaño a Vero a la estación para que tome el tren de las 11 para Madrid, como un amante esposo. Repetición de la misma confrontación que nos ocupa desde hace años. Sus compras compulsivas y las cosas que se suicidan junto a nuestro matrimonio. Regreso a casa.
Viene Mirta con su coche hasta mi barrio. Su amor pazguato me calma. Con la camioneta vamos a la casa de la playa.
Orgasmo con ella antes de dormir.

Sábado 8
Orgasmo antes de levantarnos.
Dos llamadas cortas para darle a Vero el número de cuenta a tramitar. Cada tú se ocupa de lo suyo
Comienzo a leer el libro
Un mundo feliz, de Aldous Huxley
“Resuelto por Gammas en serie, Deltas invariables, Epsilones uniformes. Millones de mellizos idénticos. El principio de la producción en masa aplicado, por fin, a la biología.”
Orgasmo antes de dormir.

Domingo 9
Orgasmo antes de levantarnos
Mirta me invita a almorzar.
Llamada de Vero, no pudo hacer el trámite, regresa el martes.
Sigo leyendo el libro:
“Madre, monogamia, romanticismo... La fuente brota muy alta; el chorro surge con furia, espumante. La necesidad tiene una sola salida. Amor mío, hijo mío. No es extraño que aquellos pobres premodernos estuviesen locos y fuesen desdichados y miserables. Su mundo no les permitía tomar las cosas con calma, no les permitía ser juiciosos, virtuosos, felices. Con madres y amantes, con prohibiciones para cuya obediencia no habían sido condicionados, con las tentaciones y los remordimientos solitarios, con todas las enfermedades y el dolor eternamente aislante, no es de extrañar que sintieran intensamente las cosas y sintiéndolas así (y, peor aún, en soledad, en un aislamiento individual sin esperanzas), ¿cómo podían ser estables?”
Nos acostamos tarde. Orgasmo antes de dormirnos.

Lunes 10
Me despierto de madrugada. Otro orgasmo.
Trabajo en la empresa, resuelvo el problema con las Droguerías.
Regreso a pasar la noche en casa de Mirta.
Vamos al restaurant Azul. Mirta paga. Comemos de fábula. Hablamos de sus amantes.
Sigo mi lectura:
“—¿Te encuentras mejor? —se aventuró a preguntar.
Por toda respuesta, Bernard retiró una mano de los mandos, y, rodeándola con un brazo, empezó a acariciarle los senos.
Gracias a Ford —se dijo Lenina— ya está repuesto.
Media hora más tarde se hallaba de vuelta a las habitaciones de Bernard. Éste tragó de golpe cuatro tabletas de soma, puso en marcha la radio y la televisión y empezó a desnudarse.
—Bueno —dijo Lenina, con intencionada picardía cuando se encontraron de nuevo en la azotea, el día siguiente por la tarde—. ¿Te divertiste ayer?
Bernard asintió con la cabeza. Subieron al avión. Una breve sacudida, y partieron.
—Todos dicen que soy muy neumática —dijo Lenina, meditativamente, dándose unas palmaditas en los muslos.
—Muchísimo.
Pero en los ojos de Bernard había una expresión dolida. Como carne, pensaba.”
Orgasmo antes de dormir.

Martes 11
Orgasmo antes de levantarnos.
Vamos a desayunar al Supan. Surge la discusión cíclica sobre la no-colaboración (ni económica ni de limpieza) de Mirta al mantenimiento de la casa de la playa. Vomita, por amor de Dios, todo lo que tienes adentro, para clavarte finalmente en mi vida como una raíz de metal.
Recojo a Vero en la estación de tren. Me somete a un interrogatorio sobre mis días en la casa de playa. Vero, tu eres la verdad, no yo. Donde yo comienzo a encender el fuego, tú apagas las cenizas. Mi corazón de cenicero ya late por costumbre ante ti, aunque sea una dulce y necesaria costumbre.
Trabajo, reunión de directorio.
Cena con Vero temprano. Hacemos el amor.
“—Mi joven y querido amigo —dijo Mustafá Mond—, la civilización no tiene ninguna necesidad de nobleza ni de heroísmo. Ambas cosas son síntomas de ineficacia política. En una sociedad debidamente organizada como la nuestra, nadie tiene la menor oportunidad de comportarse noble y heroicamente. Las condiciones deben hacerse del todo inestables antes de que surja tal oportunidad. Donde hay guerras, donde hay una dualidad de lealtades, donde hay tentaciones que resistir, objetos de amor por los cuales luchar o que defender, allá, es evidente, la nobleza y el heroísmo tienen algún sentido. Pero actualmente no hay guerras. Se toman todas las precauciones posibles para evitar que cualquiera pueda amar demasiado a otra persona. No existe la posibilidad de elegir entre dos lealtades o fidelidades; todos están condicionados de modo que no pueden hacer otra cosa más que lo que deben hacer. Y lo que uno debe hacer resulta tan agradable, se permite el libre juego de tantos impulsos naturales, que realmente no existen tentaciones que uno deba resistir.”
Termino de leer el libro. Me acuesto te
mprano.

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