domingo, 15 de agosto de 2010

Diario de un hombre feliz


Viernes 7
Acompaño a Vero a la estación para que tome el tren de las 11 para Madrid, como un amante esposo. Repetición de la misma confrontación que nos ocupa desde hace años. Sus compras compulsivas y las cosas que se suicidan junto a nuestro matrimonio. Regreso a casa.
Viene Mirta con su coche hasta mi barrio. Su amor pazguato me calma. Con la camioneta vamos a la casa de la playa.
Orgasmo con ella antes de dormir.

Sábado 8
Orgasmo antes de levantarnos.
Dos llamadas cortas para darle a Vero el número de cuenta a tramitar. Cada tú se ocupa de lo suyo
Comienzo a leer el libro
Un mundo feliz, de Aldous Huxley
“Resuelto por Gammas en serie, Deltas invariables, Epsilones uniformes. Millones de mellizos idénticos. El principio de la producción en masa aplicado, por fin, a la biología.”
Orgasmo antes de dormir.

Domingo 9
Orgasmo antes de levantarnos
Mirta me invita a almorzar.
Llamada de Vero, no pudo hacer el trámite, regresa el martes.
Sigo leyendo el libro:
“Madre, monogamia, romanticismo... La fuente brota muy alta; el chorro surge con furia, espumante. La necesidad tiene una sola salida. Amor mío, hijo mío. No es extraño que aquellos pobres premodernos estuviesen locos y fuesen desdichados y miserables. Su mundo no les permitía tomar las cosas con calma, no les permitía ser juiciosos, virtuosos, felices. Con madres y amantes, con prohibiciones para cuya obediencia no habían sido condicionados, con las tentaciones y los remordimientos solitarios, con todas las enfermedades y el dolor eternamente aislante, no es de extrañar que sintieran intensamente las cosas y sintiéndolas así (y, peor aún, en soledad, en un aislamiento individual sin esperanzas), ¿cómo podían ser estables?”
Nos acostamos tarde. Orgasmo antes de dormirnos.

Lunes 10
Me despierto de madrugada. Otro orgasmo.
Trabajo en la empresa, resuelvo el problema con las Droguerías.
Regreso a pasar la noche en casa de Mirta.
Vamos al restaurant Azul. Mirta paga. Comemos de fábula. Hablamos de sus amantes.
Sigo mi lectura:
“—¿Te encuentras mejor? —se aventuró a preguntar.
Por toda respuesta, Bernard retiró una mano de los mandos, y, rodeándola con un brazo, empezó a acariciarle los senos.
Gracias a Ford —se dijo Lenina— ya está repuesto.
Media hora más tarde se hallaba de vuelta a las habitaciones de Bernard. Éste tragó de golpe cuatro tabletas de soma, puso en marcha la radio y la televisión y empezó a desnudarse.
—Bueno —dijo Lenina, con intencionada picardía cuando se encontraron de nuevo en la azotea, el día siguiente por la tarde—. ¿Te divertiste ayer?
Bernard asintió con la cabeza. Subieron al avión. Una breve sacudida, y partieron.
—Todos dicen que soy muy neumática —dijo Lenina, meditativamente, dándose unas palmaditas en los muslos.
—Muchísimo.
Pero en los ojos de Bernard había una expresión dolida. Como carne, pensaba.”
Orgasmo antes de dormir.

Martes 11
Orgasmo antes de levantarnos.
Vamos a desayunar al Supan. Surge la discusión cíclica sobre la no-colaboración (ni económica ni de limpieza) de Mirta al mantenimiento de la casa de la playa. Vomita, por amor de Dios, todo lo que tienes adentro, para clavarte finalmente en mi vida como una raíz de metal.
Recojo a Vero en la estación de tren. Me somete a un interrogatorio sobre mis días en la casa de playa. Vero, tu eres la verdad, no yo. Donde yo comienzo a encender el fuego, tú apagas las cenizas. Mi corazón de cenicero ya late por costumbre ante ti, aunque sea una dulce y necesaria costumbre.
Trabajo, reunión de directorio.
Cena con Vero temprano. Hacemos el amor.
“—Mi joven y querido amigo —dijo Mustafá Mond—, la civilización no tiene ninguna necesidad de nobleza ni de heroísmo. Ambas cosas son síntomas de ineficacia política. En una sociedad debidamente organizada como la nuestra, nadie tiene la menor oportunidad de comportarse noble y heroicamente. Las condiciones deben hacerse del todo inestables antes de que surja tal oportunidad. Donde hay guerras, donde hay una dualidad de lealtades, donde hay tentaciones que resistir, objetos de amor por los cuales luchar o que defender, allá, es evidente, la nobleza y el heroísmo tienen algún sentido. Pero actualmente no hay guerras. Se toman todas las precauciones posibles para evitar que cualquiera pueda amar demasiado a otra persona. No existe la posibilidad de elegir entre dos lealtades o fidelidades; todos están condicionados de modo que no pueden hacer otra cosa más que lo que deben hacer. Y lo que uno debe hacer resulta tan agradable, se permite el libre juego de tantos impulsos naturales, que realmente no existen tentaciones que uno deba resistir.”
Termino de leer el libro. Me acuesto te
mprano.

En la tristeza


Cómo se puede estar sin tu presencia, sabiendo que el tiempo se detuvo en tu reciente adolescencia aquella tarde trágica que jamás podré olvidar. Estabas al lado mío, cerquita, discutiendo como siempre para que apuraras el poner el seguro de la puerta y el cinturón.
- Uff, mamá, ya va, sos una rompe…
Qué húmedo ajedrez se estaba jugando aquel día, con la calle mojada en otro día porteño de lluvia, aquel momento de la movida fallida, la de pasar apurada la bocacalle, calculada para la frenada de un colectivo que no sucedió, dando jaque mate a la reina que perdió por la puerta a su pequeño alfil al descubierto.
Ya están llegando las amistades del colegio, con sus caritas consternadas ante una muerte que debía esperar que el cuerpo creciera. Esas caritas llenas de miedo ante el hecho inusual y desconocido, algunas de ellas con húmedas burbujas deslizándose por sus mejillas, otras, las de los más tímidos, sólo mojadas como lluvia en un palangana con esponjas, que se seca apenas cae el agua en ella.
Qué hacer cuando no hay nada más que la niebla de la culpa, del no debería haber sido, del deseo de volver el tiempo atrás que nunca se realizará. Ya no se puede ver bien, ya se siente vacío y soledad, no hay nadie en los cafés repletos ni en las reuniones con amigos, ni siquiera con familiares. Ya no hay nadie porque todo parece haber perdido el sentido.
En el medio de la pesadumbre de mis sentimientos oigo una voz dulce e infantil, aquella que despierta toda mi ternura.
- Hola tía, ´tas triste?
La humedad de un beso con restos de caramelo me devuelve el alma por un instante para conectarme con la realidad de la vida que me rodea. Sus cuatro añitos sólo le permiten percibir mi estado de ánimo, pero no comprende el significado de final que da la muerte. Para él sólo vale este presente, en el cual su tía está triste, aunque no sabe bien por qué.
- No, amor, ya la tía estará mejor, no te preocupes.
Solucionado el foco de atención primero, Hernán comienza a investigar a una hormiga que trata de salir de una maceta.
- Bicho aquí, aquí contra esto. No se sale de aquí.
El pequeño insecto insiste una y otra vez en su intento por escalar la maceta mientras el pequeño índice de la mano de Hernán lo lleva hasta su posición original. Ya nada le llama la atención, más que ese animalito tratando de imponer su instinto. Yo me quedo embriagada mirando la escena, no hay nada más alrededor que la hormiga, mi sobrino y yo, en ese presente que no analiza ni el futuro ni el pasado, que sólo existe, permanece, es y se mueve sin noción del tiempo, ese tiempo que a veces nos castiga con la carga de una historia o la incertidumbre de lo que no conocemos y puede pasar.
Por un instante siento que no pasó lo que realmente pasó. Por un instante siento que el presente aún sigue en mí, aunque quiera cambiar la historia que ensombrece mi futuro. Por ese instante comprendo que aún pertenezco a este mundo en donde la vida y la muerte son parte de nuestra naturaleza y así deberé aceptarlo.
No debo preocuparme, ya pasará. La tía estará mejor.

Carta a mi recuerdo de 10 años de edad


CABA, miércoles 7 de abril de 2010

Hola, Virginia, la nena rebelde de 10 años, pero con permisos.
Año complicado el que estás viviendo, en la historia que incidirá en la tuya.
Aprovecha que puedes ahora hacer todo lo que quieras, está permitido equivocarse. Está permitido pensar raro, ir de un extremo a otro, eso no molesta.
1974, el año de la muerte de Juan Domingo Perón. En tu familia italiana (de “l´alta Italia”, vale la aclaración), esa figura populista está prohibida. Sin embargo, bajo protesta, te dejaron tener ese amigo del cual dices es tu novio, compañero de tu hermana (un chico mayor que te lleva casi 2 años), cuyo papá es peronista. Papá y mamá te dejan verlo, la abuela no, no es bueno para quien debe aprender a ser una mujercita. La abuela ni se imagina que le declaraste tu amor, aconsejada por las hermanas de él y tuya que veían en su timidez un obstáculo. Le entregaste una carta con puntos suspensivos en donde le preguntabas si te quería y si deseaba ser tu novio, contestada a escondidas y robada por las hermanas para que llegara a vos. Lamento no haberla conservado como estandarte de nuestras ideas, la abuela la tiró a la basura cuando la encontró.
Tampoco importa que vivas subida al enorme ciruelo, desde el cual miras el aprender a volar de los pichones del nido de gorriones que cuelga del techo. Ni que el aburrimiento del colegio lo mates compitiendo con uno de los mellizos carreras de problemas para ver quién llega más rápido a la corrección de la maestra en la tarea de matemática. Ya a esta altura con Nancy tienes las cosas claras, desde el jardín de infantes has competido por los chicos seguidores de cada una, a ver cual tiene el número mayor, pero a los 10 años ella tiene su amigo fiel, serio, correcto y ordenado, y vos el tuyo, que es un cambalache. ¿Sabes? Ambos curiosamente se recibieron de abogados. Sigues con Nancy compitiendo por las notas, a ver quién de las dos es la mejor. Pensar que con el transcurso de los años seguiremos en la misma, todo debía ser mucho en nuestra vida: ella se casó a los 20 años y tuvo tres hijos, luego se dedicó a estudiar profesorado de inglés y tiene su propio instituto. Yo me recibí de Bioquímica, luego de Farmacéutica y recién allí me casé y también tuve tres chicos. Ahora sólo nos diferencia el que ella conserva su título de casada.
Ese año se separaron papá y mamá, y con Estela decidiste quedarte viviendo con papá y la abuela. Ya no hubo más permisos, y había que mantener la casa bien, de paso, ambas hermanas aprendían la lección para estar preparadas para casarse. Ya no se podía decir no a peinarse, y hacer rabiar a mamá que te perdonaba (hasta tal punto de tener que llegar a cortarte el pelo por no poder desenredarlo). Ya nada volvió atrás a partir de ese momento. En 1976 papá y mamá volvieron a estar juntos, pero te pusieron en el Normal º 7, para que no te aburrieras, colegio de mujeres que estuvo intervenido desde al asunción de los militares hasta que terminaste el secundario allí.
Te tuviste que quedar callada, aplacada, dentro mío por muchos años. Sabes que hace poco nos volvimos a reencontrar y te he devuelto la palabra. Estás medio torpe para caminar, pero lo estás haciendo conmigo. Es todo un logro que pudiera guardarte en algún lugar de mi existencia, protegida pero triste. Estás aquí para encontrarte con mis hijos y ayudarme a enseñarles a ser felices.
Te quiero mucho y soy feliz por haberte conservado. En vos está mi esencia.
Virginia a sus 45 años.

martes, 10 de agosto de 2010

Declaración universal

Será preferible no nombrarlo, por las dudas el destino vuelve a traer un sueño disparatado. Ese hombre, de alta personalidad, con su nariz redonda, como de payaso pero sin el rojo bermellón, quería hacer del mundo un lugar mejor. No podía enorgullecerse de su belleza, realmente no, con su baja estatura portando demasiada masa y demasiado pelaje contrastando con los remiendos de su cabellera. Pero si podía jactarse de su discurso, el cual llevaba como estandarte y como carta de presentación.
Un 34 de febrero declaró que hombres y mujeres podían vivir en libertad, amándose sin ataduras. Que podían armar su sociedad en comunión con la naturaleza, por lo cual sólo se permitió masacrar vegetales para su dieta. Que se podía vivir en la transparencia de las acciones, comunicándolo todo, aún los deseos que sólo pasaban por su cabeza.
Miles de palabras fueron tecleadas por sus manos como declaración universal de sus ideas, una tras otra colmaron los espacios permitidos de una ciudad cibernética. Tantas palabras lo dejaron en completo estado de embriaguez, de tal manera que no podía ver más que todo lo que lo rodeaba multiplicado. Hasta las personas de su entorno aparecieron multiplicadas en relaciones caóticas que ni él entendía.
Las ideas en palabras dominaron su mente y le ayudaron a manejar su entorno. Era el poderoso portador de un sueño que parecía acercarse a la realidad. Muchas personas decidieron quedarse a su lado, otras huyeron ante lo desconocido. El hombre declaró su estado de plenitud y felicidad, pero bajo la embriaguez de las palabras.
Un primero de marzo amaneció en un mundo diferente. Los que se amaban en libertad enfermaron por falta de atención. Los vegetales declararon huelga de fotosíntesis reclamando que fueran los seres humanos los portadores de sus cloroplastos. Los deseos se separaron de las palabras para meterse en un corazón que latiera por ellos puestos en las realidades. El hombre comenzó a mentir para no sentirse tan solo ante la falta de atención de los enfermos.
Fue el momento en que las palabras callaron, la mente quedó desocupada, el corazón expuesto, el cuerpo con sus necesidades no cubiertas. Fue en ese instante robado de una realidad asfixiante, el momento en que la mirada interna descubrió a un hombre limitado en su esencia sin consistencia. Y hubo sorpresa.
Quizás el mañana sea el tiempo de su crecimiento. Quizás su vida aún es una hoja en blanco. Quizás su declaración haya sido sólo individual. Pero eso nadie lo sabe.

Un final anunciado


Los golpes de los vecinos del 3º D parecían derrumbar la puerta, pero Santiago seguía inmóvil sentado en el sillón del comedor, la cabeza agachada mirando sus manos, aquellas que hace poco más de media hora rodearan el cuello de Patricia para apretarlo con la fuerza de una locura desatada. Por su mente comenzaba a repasar lo sucedido esa noche.
Dejó a Maxi y Sole con sus abuelos para cumplir con un programa pendiente de cine y jueguitos. Santiago no quiso quedarse, pensó que podía haber una luz de esperanza en su vida para volver a recobrar su familia, que podía convencer a Patricia de que lo mejor para los chicos y para ella era estar juntos. Ya no más reclamos y exigencias de su parte por la casa perfecta, por los gastos totalmente controlados y declarados. Ya no más llamarla a toda hora, ni revisar su correspondencia, iba a creer en su palabra. Iba a respetar sus decisiones, aunque no llevaran la lógica de una mujer des su edad y madre de 2 hijos.
Compró un ramo de flores y alquiló una película, esperando encender la chispa del fuego convertido en pálidas cenizas desde hace ya varios años. Había conservado una llave del departamento que ocupara la familia antes de divorciarse, así que sólo era cuestión de sorprenderla.
Como un fénix melancólico entró en el departamento sin hacer ruido, esperando encontrar a Patricia en una tarea o en algunos de sus escasos ratos de lectura. Siempre le pedía tiempo para ello: para estar tranquila haciendo lo que más le gustaba. Siempre estaba el reproche del cansancio en la punta de la lengua para negarle aquellos momentos de pasión que tuvieran durante muchos años. Santiago nunca había entendido por qué Patricia se negaba a volver a temblar en sus brazos, si lo tenía todo, había alcanzado el estado de esposa locamente amada, su falta de respuesta seguramente se debería a algún problema. O a todas esas ideas raras introducidas por Teresa, su amiga de toda la vida, aquella de la cual no había podido separarla a pesar de todo lo dicho. Patricia había logrado convencerse de que su familia no quería el bien para ella, y que la mayoría de sus relaciones sólo tenían algún interés perverso de por medio, sólo Santiago la podía querer bien, ella era su mujer, sólo eso debía importar.
El departamento estaba vacío y desordenado, mucha ropa tirada sobre la cama fruto de la indecisión del momento antes de concurrir a una cita importante. El baño con el secador aún enchufado, los cosméticos diseminados frente al espejo, la humedad del agua de la ducha caliente aún presente.
Santiago se dispuso a esperarla. Recorrió las habitaciones de los chicos colocando cada juguete según su estricto orden, aquel que Patricia nunca sabía mantener. Aburrido ante la tardanza de su mujer, encendió la computadora. Tentado como otras veces abrió el correo de Patricia, y comenzó a leer. Los acostumbrados mails de Teresa, la gente del trabajo, alguno de la familia, un nuevo contacto. Atraído por el imán de la curiosidad lo abrió inmediatamente. Era de Pablo. ¿Pablo? Le sonaba familiar ese nombre en los comentarios de Patricia. Pablo, su compañero de trabajo. Pero el mail no tenía el tono de un amigo, algo más había entre ellos. El fantasma de la infidelidad abrió la cicatriz de un amor obnubilado por los constantes celos. Eso no podía estar sucediendo.
Cuando llegó Patricia, discutieron. No quería decir dónde había estado y Santiago empezó a gritarle con violencia. Ella tomó el teléfono para llamar a la policía, viendo como Santiago cerraba la puerta del departamento con llave y junto con el juego de ella las guardaba en su bolsillo. Antes de terminar de marcar Santiago estaba sobre Patricia tumbada en el suelo del comedor. Las manos sobre el cuello de ella ejercían la fuerza de una furia que crecía más y más. Hasta que Patricia dejó de pelear.
Ella tenía la culpa de lo sucedido. Sólo ella. Amar y poseer se conjugan de manera indistinta cuando se quiere con locura. Pero de las locuras del querer nadie se ocupa. Y eso lo saben todos.

Eres para mí


Pienso en ti, todo el tiempo. Recuerdo tu mirada devoradora ante mi vestir que busca provocarte. Es lo que quiero, no puedo negártelo, seducirte para lograr encender una pasión inquebrantable. Me lo enseñaste tú, miraste más allá de mi alma y entre las telarañas de una sexualidad ya reprimida reflotaste a una aún temblorosa mujer que seguía viviendo y soñando.
Te amo por lo que eres y por lo que representas en mi vida. La esfera perfecta en donde quiero centrar mi ser para poder despegar. Alejarme de una vida con demasiados condicionamientos, lágrimas derramadas en soledad y deseos inconclusos.
Tú me enciendes, más de lo que creía que podía hacerlo y más de lo permitido. Me das fuerzas para subir el último peldaño hacia mi libertad. Quiero estar contigo, para lo que quieras, viajar juntos disfrutando las montañas, la campiña o las siemprevivas que podamos encontrar, reunirnos con nuestros amigos, los que cada uno tiene, hablar en un café hasta consumir todo el tiempo disponible y la paciencia de los meseros o hacer el amor una y otra vez hasta agotar toda nuestra energía. Yo sólo quiero acompañarte, por el tiempo que nuestras vidas lo permitan, sin obligaciones ni condicionamientos, sin dejar de ser cada uno por compartir el nosotros.
Te amo, quiero que lo sepas. Pero te amo en libertad, por eso no necesito encerrar en palabras lo que siento. Tú lo vas a percibir en cada uno de nuestros encuentros.
Hasta siempre, amor.

El show debe continuar



Otra vez me quedé dormido. Debo llegar a leer las noticias que hay para hoy, si no ya puedo imaginarme la cara avinagrada de Renata y su reproche ácido de mujer amargada. Suena la radio, el tema de Queen, mientras aprieto el acelerador más de lo permitido.


~ Empty spaces - what are we living for
Abandoned places - I guess we know the score
On and on, does anybody know what we are looking for…
Another hero, another mindless crime
Behind the curtain, in the pantomime
Hold the line, does anybody want to take it anymore
The show must go on, ~

Al fin en el estudio.
La rotunda mirada de Renata me dice que algo anda mal… o tal vez simplemente tuvo una mala noche, ¿no? ¿Cómo será? Es raro, vino hasta mí para entregarme los papeles de dirección y recorrió el camino de vuelta a la sala de monitores con la cabeza baja y hablando sola.
No me voy a preocupar por eso. No más. Ya el tema de las mujeres histéricas y responsables quedó atrás, ahora es el tiempo de aprovechar cada momento al máximo, con lo que se presenta y como sea.

~ Whatever happens, I’ll leave it all to chance
Another heartache, another failed romance
On and on, does anybody know what we are living for?
I guess I’m learning, I must be warmer now
I’ll soon be turning, round the corner now
Outside the dawn is breaking
But inside in the dark I’m aching to be free
The show must go on ~

Está en el monitor la primera noticia a leer:
En Estados Unidos un grupo de científicos de la Universidad de Boston está estudiando un nuevo esquema para la obtención de energía a través de fluídos biológicos.
Se trataría de obtener hidrocarburos de fruta en sazón puesta en grandes reactores en donde se imitan y aceleran las condiciones que sufrieron los vegetales fósiles que luego dieron origen al petróleo. De esta manera se podría volver a restablecer el petróleo consumido a través de los años.
Bueno, una buena noticia al fin. Aunque parece de resolución lejana. Debo ver el video preparado antes de presentarla, así que vamos hacia la sala de monitores, ya, rápido, es muy tarde.
Pero, ¿qué pasa aquí? La cara de Renata envuelta en cólera, mirando el monitor junto a Roberto, el periodista loco, ese de los ideales inconclusos. Hay que decidir si pasar el video que están viendo o no, la orden es esperar a la evaluación del canal.
¿Qué es eso? Un montón de chicos harapientos corriendo desesperados, ¿Qué pasó? Renata dice que hubo un derrumbe en la villa cercana a la estación central, no saben si a consecuencia de una explosión. ¿Qué villa? Aquella que tenía que desaparecer, en el medio de la zona más cotizada de la ciudad. Aquel predio vendido a ese grupo que ofreció construir un shopping, y casas para los habitantes de la villa, y también ofreció trabajo para ellos. Pero ese Álvarez, loco guerrillero que se empecinó en pedir participación de la gente de la villa en el proyecto, tanta desconfianza, ¿por qué?
Nadie sabe bien lo que pasó, pero las imágenes tomadas por la improvisada cámara de uno de los vecinos del lugar muestra miedo y sufrimiento, la pobreza en un escalón más bajo hacia lo no humanamente ético. Roberto insiste que hay que darlo a conocer, aunque no se sepa bien lo que pasó, pero el director cree que tanta crudeza no es buena en un noticiero matutino, demasiado desgarrador para despertar a la gente.
La noticia tendrá que esperar el visado de los que todo lo saben, que evaluarán el efecto de la misma en las dormidas cabezas de los ciudadanos. Total, ya tenemos el gran descubrimiento del petróleo “on line” para comentar, por ahí logramos tener nafta con olor a cereza.

~ My soul is painted like the wings of butterflies
Fairytales of yesterday will grow but never die
I can fly - my friends
The show must go on
I’ll face it with a grin
I’m never giving in
On - with the show -
I’ll top the bill, I’ll overkill
I have to find the will to carry on
On with the show -
The show must go on…
~

Me voy a tomar un café antes de sentarme delante de las cámaras. Debo estar más despabilado para hablar en el escenario.

Encuentro con palabras


Otra vez juntando los escombros para reencontrarse. Luego de tantas noches desveladas, palabra tras palabra frente a la computadora. Luego de los fugaces encuentros entre un chapita o loco como vos, con su interlocutora solitaria.
Otra vez en aquella esquina, al anochecer. Las luces saltan sobre tu abrigo, ese tan serio y formal que marca la incoherencia con tu ser escondido. Comienza tu discurso, las palabras se entrelazan cuan hamaca de melodías frustradas. Es dulce y estimulante sentirlas, pero se hacen adictivas para mi alma solitaria.
Comenzamos a caminar, como siempre. Busco tu mano en el bolsillo del abrigo, encuentro la piel suave pero seca de un eterno creador de sueños y comienzo a acariciarla. Te acercas, siento tu almíbar de cereza en mis labios, una vez más.
Pero necesito tus palabras, aquellas que una a una salen de tu boca, en esa perfecta voz que las hace mágicas. Aquellas palabras escritas que provocaron mis más exuberantes trasnoches frente a la computadora. Las necesito ahora, dámelas para volver a nacer en ellas.
Una vez más nos olvidamos del mundo, caminando por la calle. La mugre entre los dedos del pié de un viejo callejero con el que nos encontramos nos trae a la realidad. ¿Qué hora es? Hay que volver… En tu casa te esperan…
Te aviso que me cortaron el internet. Me mirás triste y preocupado, la dulce adicción a tus palabras tendrá que esperar hasta el momento de otro furtivo encuentro en el medio de una vida demasiado
ocupada.

Encuentro en el subte


Otro día más durmiendo en la puerta de la iglesia, de aquí no lo sacan… Entumecido por la dureza del suelo, el Colo se saca de encima la frazada sucia y deteriorada que cubre su cuerpo. Cree que es lunes, porque escucha aquella canción que suele poner el cura de la parroquia para empezar la semana, aquella melodía dulce pero tonta que parece ofrecer el mejor de los días.
Es temprano, pero recuerda que debe irse, a ver cómo se presenta el día. Hay que llegar a Constitución para buscar estampitas para repartir en el subte, por ahí hoy la gente está más generosa. Es hora de juntar las cosas, y partir.
Llega a Constitución, al proveedor de postales, hay muchos compañeros de jornada allí. El que atiende en el lugar da la conocida exposición de reglas de todos los días a los chicos allí presentes: “Formen una fila en el mostrador del costado que se les irán dando las estampitas allí, se les informará el precio de las mismas.
En orden en ese sector por favor. Se atenderá a todos”. Ramón, el que nunca se queda callado, responde con falsa rebeldía: “¿Che, no hacemos todos los días lo mismo? ¿Necesitás repetirlo una vez más?”. El hombre lo mira con enojo, pero ante la respuesta sumisa de todos los chicos a su pedido, decide callar, cree que es mejor así.
A media mañana, estampitas en mano, el Colo se dirige al subte para practicar la nueva estrategia: con su mejor sonrisa le ofrece la mano a la gente, los saluda y les deja una imagen, esperando a su regreso alguna moneda del más solidario. Esta estrategia le viene dando buen resultado.
Fede está en el colegio, pensando que hoy tiene sesión con el psicólogo. Y todo es por esos muros del patio, siempre blancos, que hace unas semanas escribió para protestar contra el castigo injusto del monitor de deportes. Lo descubrieron y llamaron a su mamá, le recomendaron que pidiera ayuda profesional, Fede estaba muy rebelde, y sabiendo todos los problemas familiares que se habían desencadenado últimamente, lo mejor era buscar ayuda para volver a encausar su disciplina.
Por eso desde hacía un mes todos los lunes la mamá de Fede llegaba corriendo del trabajo para llevar a su hijo al psicólogo. Todos los lunes, como el ritual necesario de aceptación y pago de las sesiones, luego de la consulta, pasaban por un kiosco para comprar golosinas y comerlas antes de llegar a casa, mientras viajaban en el subte, así Fede tenía el privilegio de algo no compartido con su hermana.
Ese lunes estaba el Colo repartiendo estampitas en el subte, dándole la mano a la gente que estaba en ese momento viajando. Fede estaba abriendo el último de sus Lenguetazos, el de frutilla, cuando el Colo se detuvo ante él. Su cara se trasformó ante la presencia de la dulzura ácida de la golosina. Por un instante eran dos chicos de 10 años deseando lo mismo, no hubo ninguna diferencia, no hubo sociedad ni clase presente. Tampoco hubo palabras, pero Fede comprendió que debía compartir su Lenguetazo, por lo cual tomó un trozo grande para dárselo, no todo, porque es demasiado rico. La cara del Colo se iluminó por un momento ante su improvisado amigo. Fede buscó en la bolsita que le habían dado en el kiosco, todavía quedaba un paquete de pastillas; las sacó y se las entregó al Colo. Y allí todo volvió a la realidad, Colo improvisó un tímido gracias, tomó el regalo de Fede y siguió su rutina de dar la mano y una estampita, con su mejor sonrisa. Antes de bajar le dirigió una mirada a su inesperado amigo y lo saludó.
Sólo fue un instante más en la rutina del viaje en subte, un instante sin importancia y que la mayoría olvida a los cinco minutos de haber ocurrido. Sólo para aquellos que pudieron percibir su significado fue el mágico instante conquistado por dos chicos al utópico mundo en donde todos somos iguales.