viernes, 31 de diciembre de 2010

La torta


Cada año te visito
vestida de distinta forma.
Soy al protagonista de tu día,
aquel que marcó el inicio
de tu existencia.
Este año accidentado
debía vestir con una gala especial.
Pasta de azúcar, clara e impecable
sobre la cual sostener
la pesada capilla
amarilla y blanca.
Elegiste frutillas con crema
para la primera capa

dulce de leche con nueces

para la segunda.
borrachita en oporto
endulzado con almíbar.
El dulce de leche no alcanza,
usaste el común
en lugar del repostero.
No había tiempo para heladera.
Cayó el blanco manto de inmediato
y sobre él la pesada capilla.
Pronto, corre, que no llegamos
a dejarla al salón
mientras la ceremonia se realiza
Mi interior húmedo escapa
por los costados aprisionados
y lloro aplastada
en la impecable bandeja.
Pronto, corre, hay que comprar otra,
más firme, más dura
donde colocar la hermosa capilla.
En el rincón de la heladera
con todo mi ser repartido
entre dos bandejas,
mi escurridizo dulce de leche
ha tentado tus papilas gustativas.
Y ante una cuchara de mi ser
en tu boca infantil,
he escuchado el único elogio

a mi anual presencia:

“Está rica, mamá.
Era como yo la quería.”



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